
A principios del mes de julio de 1610, Galileo, que se encontraba en Padua, observó el planeta Saturno con ayuda de su anteojo. Era éste un telescopio con muchas imperfecciones, de tan solo 32 aumentos y con su lente principal diafragmada en dos tercios de su diámetro por un cartón que tan solo dejaba libre un limitado agujero. Este telescopio está conservado en Florencia y es con el que observó Saturno y otras muchas cosas.
En julio de 1610 Saturno estaba próximo a su oposición, siendo éste un momento favorable para ser observado desde la Tierra sin que el Sol estorbe para nada, pero lo que vio Galileo en sus primeras observaciones lo sorprendieron enormemente. El planeta parecía estar formado por tres cuerpos. Primero creyó que se trataba de dos satélites, como los de Júpiter. Mas tarde empezó a dudar de esta primera impresión porque las manchas parecían mucho más cercanas al planeta y eran mucho más grandes que los satélites que había descubierto en Júpiter.

Durante aquel mes de julio, Galileo se concentró en la observación de Saturno. Pensó diferentes explicaciones a tan extraño fenómeno, tales como que aquel planeta tenía asas o que era un planeta triple pero no estaba seguro de ninguna. Sabía que cualquiera que dispusiese de un telescopio podía dirigirlo hacia Saturno, de modo que debía asegurarse de dejar constancia de que fue él quien primero vio la extraña forma del planeta, aunque no supiera explicar a qué se debía su extraña apariencia. De modo que envió una carta al secretario del gran duque escribiendo en ella un anagrama latino que recibieron también numerosos estudiosos, entre ellos Kepler, conteniendo la siguiente cadena de letras:
smaisrmilmepoetalevmibvnenvgttaviras
Mucha gente, al verse incapaz de resolverlo, le pidió que resolviese el anagrama y Galileo accedió finalmente a ordenar las letras del siguiente modo
altissimum planetam tergeminum observavi
que podríamos traducir por “Observé que el planeta más alto era triple”.
Como curiosidad cabe decir que Kepler halló una posible solución:
“Salve umbristienumgeminatum Martia proles”
que venía a significar para Kepler que Galileo había descubierto dos satélites en Marte, al igual que había descubierto cuatro en Júpiter, lo que coincidía con sus ideas geométricas del universo:
Tierra 1, Marte 2, Júpiter 4…
Esto estaba muy lejos de la realidad, pero… efectivamente Marte tiene dos satélites, Phobos y Deimos, dos pequeñas lunas que no se pueden observar con telescopios tan pequeños como el de Galileo.

Más de un año y medio más tarde Galileo vuelve a dirigir su telescopio a Saturno llevándose la tremenda sorpresa de que los dos cuerpos laterales o “asas” del planeta habían desaparecido, haciendo a Saturno tan redondo como lo eran Júpiter o Marte. Galileo limpió sus lentes con extremo cuidado para eliminar posibles efectos ópticos obteniendo la misma observación: solo se distinguía el disco del planeta. Esto lo desanimó tanto que no volvió a ocuparse de Saturno. En un momento de debilidad exclamó: “es posible que algún demonio quiera burlarse de mi, castigándome por mi curiosidad indiscreta”.

Hoy sabemos que la inclinación de los anillos de Saturno varía con respecto a nosotros, llegando a desaparecer de la vista cada cierto tiempo al orientarse de canto.
Su telescopio no tenía suficiente resolución para apreciar la verdadera naturaleza de aquellas extrañas “asas”.
No fue hasta 1655 que el astrónomo holandés Christian Huygens observó el planeta con la suficiente resolución para apreciar un anillo de materia alrededor del planeta.
Hasta pronto.
Néstor.








