UNA OBSERVACIÓN CUALQUIERA DE DICIEMBRE

Últimamente estoy teniendo la suerte de salir a observar más de lo habitual y, aunque ninguna noche el seeing ha permitido “abusar” de los aumentos ni ha permitido hacer planetaria en condiciones, han sido noches variadas en las que he “atacado” diversidad de objetos.

Os nombro por aquí algunos de los que observé una de las noches, la mayoría son cúmulos abiertos.

De camino al punto de observación las luces del ocaso ya revelan una atmósfera sucia. Una semana casi entera de buen tiempo, sin precipitaciones ni vientos ha hecho que la contaminación permanezca anclada al suelo y eso garantiza que las condiciones de observación por la noche no serán óptimas ni de lejos.

Sin haber oscurecido del todo hace una temperatura agradable, 7º C, y un leve viento del norte que si se intensifica puede ser molesto, no por dificultar la observación en sí sino en cuanto a comodidad.

NGC 1342. Cúmulo abierto en Perseus de magnitud 6,7 y 17 minutos de arco de diámetro. Para llegar a él he usado como referencias las estrellas Xi (la estrella que está rodeada por la Nebulosa California) y Epsilon Cephei.

El cúmulo salta a la vista en el buscador. Con un ocular que me da escasos 84 aumentos y casi un grado de campo se observa razonablemente bien y, en una noche de mal seeing, no conviene exigir más pues las estrellas perderían bastante puntualidad.

El cúmulo tiene como un centenar de componentes de magnitud 8 en adelante, aunque las que llaman la atención al ocular por su brillo son un escaso par de docenas. De este a oeste el cúmulo se ve cruzado por un caminito de seis o siete estrellas más brillantes aunque de magnitudes variadas.

Después de visitar NGC 869 y 884 (conocidos por ser los componentes del Cúmulo Doble de Perseo) le hecho un vistazo a la Cascada de Kemble, conocido asterismo compuesto por una veintena de estrellas, que a su vez me sirve de camino para llegar al abierto NGC 1502.

La cascada de Kemble, en Camelopardalis, es más un objeto para prismáticos, ya que es un caminito de una veintena de estrellas de magnitud 8 ó 9 y que “cae” 3º desde el N-E hasta el mencionado cúmulo 1502.

NGC1502 es otro cúmulo abierto en Camelopardalis y a él se llega siguiendo el recorrido de la Cascada de Kemble. Está a 2.600 a.l. y lo catalogó William Herschel en 1787. mide unos 20 minutos de arco (20′) de diámetro con una magnitud integrada de 6. Es disfrutable con telescopios de todos los tamaños y contiene varias dobles identificables.

En el centro salta a la vista un par dorado de magnitud 7 aprox. y separadas 18 segundos de arco (18″) catalogada en 1830 por Wilhelm Struve como STF485. Este cúmulo, pese a ser modesto puede entretenernos un rato con matices interesantes.

Nos vamos a Casiopea para encontrar NGC1027, cúmulo algo más brillante y más amplio que el anterior: Mag 6,7 y diám. 15′.

Aunque no abundan estrellas de referencia y por los alrededores sí abundan concentraciones y grumos estelares que pueden hacernos equivocar el rumbo no es demasiado difícil encontrarlo, debido a la presencia de una estrella de magnitud 7 en el centro. Contiene centenar y medio de componentes a partir de la magnitud 9 aunque las estrellas más evidentes y de mayor brillo vienen a ser un par de docenas.

En la vecina constelación de Perseo, a 3º de Alfa de Perseo (mag. 2), tenemos a NGC1245, cúmulo abierto más discreto que los anteriores tanto en brillo (8,4) como en dimensiones (10′) pero rico en estrellas. Cuenta con alrededor de 200 estrellas, en su mayoría de mag. 12 o superior y es de esos objetos que se ve perjudicado por la contaminación lumínica debido a esa debilidad de sus componentes.

Debido a que hacía varios días que no soplaba viento, la contaminación atmosférica era más que notable antes de anochecer. Eso afecta a la dispersión de luz producida por esas partículas y la oscuridad del fondo del cielo se ve afectada pese a estar completamente despejado y encontrarnos a más de 1.200 m. de altura.

En una noche oscura podemos acceder a más y más débiles estrellas. Aconsejable usar más aumentos. Yo le puse unos 170x.

Seguimos en Perseo para buscar NGC1513. Debido a que está encuadrado en el centro de una especie de cuadrilátero es sencillo de encontrar, aunque no hay que confundirlo con otro abierto que está casi tocando y que se atisba claramente con el buscador de 8×50.

1513 tiene la misma magnitud integrada que el anterior cúmulo (8,4) y unas dimensiones algo mayores (12′)

La apariencia es algo más pobre, debido a la mayor dispersión entre las componentes viéndose también afectado por la polución lumínica. Se puede diferenciar claramente una corriente estelar en forma de “2″. Es un cúmulo delicado que habita una zona con un fondo estelar muy poblado.

Muy cerca de Lambda Persei también se encuentra NGC1545 pero, aparte de las tres estrellas centrales más brillantes (magnitudes 7 a 8) y un pentagrama que enmarca el cúmulo no le encuentro ninguna gracia. Su magnitud es 6,2 y se extiende 12′.

Hemos dicho más arriba que tocando a 1513 había un cúmulo más evidente. Este es NGC1528. Brilla con una magnitud de 6,2 y podría verse a simple vista en una noche con mejor contraste, de hecho es muy evidente al buscador. Es redondo, uniforme, mide 18′ y se ve muy bien en prismáticos. Los que yo llevo son 10×50. Parece que lo componen 160 estrellas de magnitud 9 y más débiles.

Para variar (solo un poco) visitamos en esta ocasión una galaxia. Se trata de NGC1407 en Eridanus. Su magnitud es de 9,7 y su aspecto es casi redondo (6,0′ x 5,8′) y es bastante fácil de encontrar en cuanto a estrellas de referencia. Por el contrario no es tan fácil de observar la galaxia en sí, sobretodo porque Eridanus es una constelación bastante meridional desde estas latitudes y además esa zona del cielo está bastante manchada por la cúpula de luz de la ciudad de Valencia. Teniendo en cuenta dónde se encuentra se puede considerar brillante “per se”. Para encontrar la galaxia he seguido el itinerario de la figura de la constelación, que simula ser un río. En una parte del recorrido de ese río hay una línea de estrellas denominadas Tau1, Tau2, Tau3… hasta Tau9. Yo he localizado Tau5, de ahí parto en vertical hasta centrar la estrella “20 Eridani” y muy cerca de esta estrella se encuentra la galaxia que buscamos junto con otra compañera, algo más débil, 1400. Este par de galaxias se encuentra en el centro y es el dominante de un grupo de galaxias que están en los inmediatos alrededores, la más evidente de las cuales es 1393. Sería una zona muy interesante si estuviese más alta sobre el horizonte.

La galaxia que nos ocupa, NGC1407, se encuentra a 75.000 años-luz y se aleja de nosotros a una velocidad de 1.650 Km/s. Al ocular aparece con un núcleo brillante, estelar. Es una galaxia elíptica y no muestra detalles internos.

También en Eridanus, algo más arriba, en dirección a Rigel, buscamos la nebulosa planetaria NGC1535. En algunos libros le dan el apelativo de Ojo de Cleopatra. El brillo de esta nebulosa es notable. Mide 48″ x 42″ con magnitud 9,1.  Continuar leyendo

ABIERTOS EN LACERTA Y CEFEO

Casi un año sin escribir reportes de observación, después de aquella última observación con mi anterior telescopio que casi premonitoriamente pero sin querer supo a despedida. Ha pasado casi un año bastante escaso en observaciones. Una temporada larga adaptándome al nuevo telescopio y a nuevas formas de observar. He redescubierto objetos ya conocidos pero bastante más luminosos y llenos de detalles que no había visto antes. Unas cuantas salidas de observación, pero muy pocas que dieran de sí como para escribir una crónica larga relatando los objetos que vi.

 

Siento que ya es hora de volver.

Estoy en perfecta sintonía con el telescopio y, si bien todavía escribiré algunas crónicas llenas de objetos, detalles de los mismos y vivencias personales, abundarán más los pequeños informes y listas cortas de objetos observados.

 

Creo que no lo he mencionado, pero el telescopio que tengo desde hace ya casi un año es un Dobson de 400mm. de diámetro a f/4,4 construido por Joan López Vila

y esta es la primera observación que pongo aquí hecha con el mismo:

 

Noche del 1 al 2 de octubre de 2011

 

Estoy en La Bellida, un monte a 1200m sobre el nivel del mar.

 

Llego al punto de observación pasadas las 22h y me encuentro con que está nublado, de modo que toca esperar pacientemente: Cenar, escuchar música y leer o consultar mapas a la espera de que despeje.

A eso de las 00:45 parece que el cielo permite hacer las primeras observaciones y el telescopio ya hace varias horas que está montado esperando que sea el momento.

 

Lo primero que está a tiro, atravesando una fina capa de nubes es Júpiter. El seeing no es perfecto pero permite poner una cantidad moderada de aumentos y percibir detalles e irregularidades internas en las bandas nubosas. El rango de tonos marrones y ocres también es generoso. Hay bastante contraste entre bandas de diferentes colores.

 

El cielo no parece que se vaya a despejar pronto. Después de alguna ida y vuelta al interior del coche por avalanchas de niebla y extrema humedad cojo una pequeña lista de objetos pertenecientes al catálogo Herschel 400

 

El primero es un cúmulo abierto que llama poco la atención. Es NGC 7209 en Lacerta. El campo en el que se encuadra es rico. Los componentes del cúmulo rondan la magnitud 7 y pico. Digo que llama poco la atención porque el fondo del cielo es bastante rico en estrellas y no es sencillo discernir lo que es cúmulo de lo que no es, perteneciendo más de la mitad de las estrellas visibles al fondo, lo que hace parecer al cúmulo en el doble de grande de lo que realmente es. Si no hubiese buscado a propósito este objeto no habría reparado en él. La magnitud del cúmulo es de 7’7, como la mayoría de sus componentes y un diámetro de unos 15 minutos de arco (15′).

 

No muy lejos del anterior cúmulo, también en Lacerta se encuentra NGC 7243, cúmulo abierto más fácil de discernir que el anterior. Aunque el campo es igualmente rico el objeto no resalta en exceso. Se ve sin problemas en el buscador de 8×50. La magnitud es de 6’4. Es el doble de grande que el anterior y las estrellas que parecen formarlo pueden ser medio centenar. En el centro del cúmulo pueden apreciarse las sutilezas propias de los cúmulos abiertos, por ejemplo en este caso una doble muy delicada con componentes de magnitud 9’7 y 9’3.

 

Seguimos en la misma zona del cielo esta vez con el cúmulo abierto NGC 7296. Un objeto diminuto de apenas 3 minutos de arco y magnitud de 9’7. Comparte con los cúmulos anteriormente citados un fondo densamente poblado, lo que unido a lo delicado del cúmulo y al discreto brillo de la mayoría de componentes (mag.10 en adelante) debe hacer difícil su observación en cielos polucionados lumínicamente. Es un cúmulo pequeñito pero obvio por condensado y que comparte con los anteriores un entorno lleno de detalles. Como ejemplo cabe mencionar que no hay que alejarse mucho del cúmulo para toparse con tres nebulosas oscuras.

 

Los tres objetos anteriores los he observado con un ocular de 22mm.. lo que me ofrece un grado del cielo a 82,7 aumentos.

 

A eso de las tres de la mañana apunto a NGC 6939. Cúmulo abierto en la constelación de Cefeo.

Su magnitud es de 7,8 y su diámetro es de 10′. Me ha resultado mucho más fácil de encontrar, ver, distinguir que los demás. Habita en una zona no tan profusamente poblada como los citados anteriormente y pese a que las estrellas que lo pueblan son más bien débiles, puede considerarse este un cúmulo clásico. Vamos, de los de “toda la vida”. Es bastante redondo, una bola de luz compuesta por estrellas muy delicadas y es vecino cercano del siguiente objeto de la noche. De hecho cabe en el mismo campo de un grado.

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REENCUENTRO Y DESPEDIDA

Mucho ha que no tenía oportunidad de hacer una observación decente. Desde verano todo han sido intentos fallidos y observaciones mediocres, así que cuando se dieron las circunstancias las aproveché y me “eché al monte” para resarcirme a gusto de la sequía observacional.

Acabo de hacerme con un equipo una talla más grande que el que hasta ahora venía usando. No es una exageración pero creo que me planto aquí, por lo menos hasta que sea mayor :o )  Como todavía no conozco mucho el telescopio nuevo fui a lo seguro y me llevé, seguramente por última vez, el “pequeño” Dobson de 300.

En cuanto al plan de observación, también fui a lo seguro y elegí uno que hice hace un par de años, con algunas variantes en cuanto a objetos y al orden de observación, ya de por sí aleatorio y caótico.

A estas alturas del año anochece tan pronto que casi siempre que llegas al punto de observación ya es noche cerrada. Yo llegué al punto habitual pasadas las nueve y, después del protocolo habitual (despliegue de trastos, colimación, ventilador trabajando a plena marcha y cena con cafecito en el interior del coche) puse el ojo en el ocular a eso de las diez y algo. Alguna nube delgada que se mantuvo estática toda la noche y que no estorbó en exceso, aunque sí restó algo de oscuridad al fondo del cielo. Por lo demás, nada que objetar:  El seeing decente, la temperatura de 5º, el viento leve y el espejo bien aclimatado.

El primer objeto que se me ocurrió fue la Galaxia de Andrómeda, por la altura en el cielo. Aparecen de forma contundente las dos galaxias compañeras, M32 y 110. Unos segundos después se me hacen evidentes las franjas oscuras que separan los brazos de M31. Es señal de que la noche no es nada mala en este lugar y el telescopio tiene capacidad sobrada para mostrar estos detalles de forma evidente. Explorando la galaxia por sectores de arriba a abajo y al revés se llega a ver sin problemas la condensación NGC 206, en el brazo sur-oeste. M31, una delicia de galaxia para un cielo relativamente oscuro, merecedora de una larga media hora de observación.

Las impresión con M33, en Triangulum, fue similar. Es una galaxia casi transparente a la que le afecta mucho la falta de buenos cielos y pocas veces muestra detalles. En estas condiciones y con 300mm de apertura, el objeto adquiere otra dimensión. Ya no es un borrón plano sin personalidad y, aunque la percepción de los brazos no es contundente, se aprecia claramente su orientación antihoraria. Recorriendo la galaxia de parte a parte no es difícil detectar varios “grumos” más luminosos que sus alrededores, el más evidente de todos, al lado de una estrella de la mag. 11 es NGC 604, la mayor región de formación estelar ¡de todo el Grupo Local!

La siguiente visita es para NGC 7662, la Bola de Nieve Azul, una vieja conocida. Me sorprendo a mi mismo encontrándola al primer intento, pongo el ojo en el ocular de 22mm. y allí está, ya se aprecia su naturaleza no estelar.

Como casi todas las planetarias, esta también requiere ser generoso con los aumentos, así que unos 190X ofrecen la mejor vista de la nebulosa. Se aprecia el hueco central de forma tímida pero clara. La estrella central también está presente, así como esos dos óvalos entrecruzados que yo veo siempre y que no existen en realidad. (!) Sobre su famoso color azulado, yo todavía no lo he visto ni con este telescopio ni con ningún otro.

Hace unos tres años hice un dibujo de esta nebulosa vista con el Newton 250 y la he encontrado por el disco duro. Os lo dejo aquí porque esta noche se veía de forma similar:

Por Cassiopea, gran desconocida para mí se encuentran unos cúmulos abiertos bastante originales. El Cúmulo E.T., NGC 457 con sus ojos saltones y los brazos en alto, M52 y NGC 7789. No sé qué pudo ser pero esta vez no fui capaz de apreciar claramente la nebulosa Pacman. Cerca de ahí sin embargo está M103, un cumulito discreto que resalta sobre una zona pobladísima de estrellas en pleno recorrido de la Via Lactea. En los inmediatos alrededores se sitúan NGC 659, 663 y 654, mas discretos eso sí pero sobre un fondo igual de poblado. Pasearse por esta zona es una pasada.

Dirigiendo el telescopio hacia el Doble de Perseo hay otro cúmulo al que llaman Muscleman al que he visitado en un par de ocasiones, ambas preguntándome qué habrían tomado previamente sus bautizadores para plantificarle semejante nombre. (?)

Este año, desde el verano, he observado Júpiter varias veces como nunca lo había hecho antes, con una cantidad de detalles que me siento incapaz de describir. Esta noche no fue una excepción y aunque el seeing me indicó que los aumentos debían tener un límite, pude aplicarle 375 sin ver limitaciones en la imagen. La visión con el binocular era buena pero faltaban aumentos por un tubo. El resto de la observación fue “ciclópea”  Qué más contar, una hora larga observando cómo cambiaba el planeta por momentos y observando en todo momento volumen en los satélites. Grandioso Júpiter.

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VOLANDO VOY…

Júpiter visto por la sonda espacial Voyager 1

En la noche del 5 al 6 de septiembre me dispuse a perpetrar una de mis observaciones aprovechando que los habituales inconvenientes no lo impedían.

No iba a ser una noche con grandes pretensiones observacionalmente hablando, más bien una salidita para desempolvar los oculares, quitarle las telarañas al telescopio y quitarme las telarañas a mí que llevaba demasiado tiempo sin observar, pero sobretodo poder disfrutar de un cielo que aunque no perfecto fuese al menos disfrutable y echar un vistazo a unos cuantos objetos notables.

Como siempre la ceremonia comienza cargando toda la parafernalia telescopera en el coche a mitad de la tarde, meterme en él y emprender el viaje, unos 45 min., hacia el punto elegido para observar, a unos 1.200 m. de altitud.

Es un poco aburrido tener que conducir tres cuartos de hora o más antes y después de la observación, a mí se me hacen particularmente largos los de “después de”. No obstante siempre vale la pena el esfuerzo si al llegar te encuentras con un cielo benevolente, con el único acompañamiento de los sonidos de la naturaleza y/o de una radio con tu música o programa favorito.

Una vez ya en el lugar se procede al despliegue de medios mientras se enfría el telescopio, otra vez el Newton 300.

Es a eso de las 11 cuando considero que el cielo ya vale la pena y apunto a Júpiter como primer objeto de la noche.

A solamente 68 aumentos, el primer vistazo me muestra sin ningún tipo de dudas la Gran Mancha Roja cruzando Júpiter por en medio. Ni hace falta más tiempo de adaptación térmica, ni que el planeta se levante más sobre el horizonte. Le pongo los aumentos que el planeta me pide. La estabilidad es muy buena, y no resulta difícil ver gran cantidad de detalles en la atmósfera del planeta gigante. Yo no soy muy bueno describiendo detalles planetarios, sobretodo por mi desconocimiento de su nomenclatura, pero se aprecia nada más ponerse al ocular una amplia gama de ocres en las bandas nubosas, la Gran Mancha Roja pasando por el meridiano sobre la inexistente banda nubosa que desapareció cuando Júpiter estaba fuera de nuestra vista al otro lado del Sol. Su gemela, la banda que ha quedado es todo un espectáculo, pese a que estoy utilizando solamente 136X debido a mi escasez de oculares, la banda muestra multitud de remolinos, “grumos”, uno de ellos justo en medio del cinturón nuboso con un tamaño comparable a la GMR… y bueno, valdrá la pena dejar en paz un rato a Júpiter y que levante más en el cielo. imágenes tan estables como estas le hacen a uno pensar que si hubiese media docena de planetas como éste todas las noches yo me lanzaba a la observación planetaria en exclusiva “YA”. Lástima que solo haya dos planetas “y medio” y que muchas veces no esté a tiro ni siquiera uno.

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PERSEIDAS 2010

Uno de los eventos astronómicos más conocidos del año por el público es la lluvia de meteoros que se produce alrededor del día 12 de agosto y conocida como las “Perseidas”.

Los medios de comunicación, tanto escritos como audiovisuales nos avisan el día de antes y nos informan de cómo se vivió el evento el día después, sobretodo debido a la falta de noticias políticas, falta de fútbol, etc.

El motivo de ser tan célebre esta lluvia, aparte del apoyo mediático, es la época en la que se produce. En verano resulta muy cómodo y agradable pasear de noche, más aun si estamos de vacaciones y al día siguiente no hay que madrugar.

Popularmente se la ha conocido como “las lágrimas de San Lorenzo” ya que la festividad de este santo coincide con uno de los días de máxima actividad y desde la época medieval se asoció esta lluvia a las lágrimas que vertió San Lorenzo al ser quemado en una parrilla. De todos modos este evento es anterior a la imaginería cristiana, y la humanidad ha venido observando en el cielo estival esta lluvia de estrellas fugaces que ha permanecido sin grandes cambios los dos últimos milenios.

Pero realmente ¿qué es exactamente una lluvia de estrellas? ¿son estrellas de verdad? ¿cual es su procedencia?

El origen de una lluvia de meteoros es la cola de polvo que dejan tras de sí los cometas cuando se acercan al sistema solar interior, donde está la Tierra. El Sol calienta la superficie helada del cometa y este hielo se sublima y escapa al espacio, llevándose con él parte del cometa en forma de polvo y partículas de reducido tamaño, las más grandes de las cuales son como un grano de arroz. De esta forma queda tras el cometa una nube de partículas microscópicas que abarca buena parte del recorrido del cometa.

Cuando nuestro planeta, en su recorrido alrededor del Sol, se “sumerge” en una de estas nubes de material cometario, las partículas chocan con la atmósfera terrestre a unas velocidades muy elevadas, del orden de 200.000 Km/h (unos 60 Km/seg) y a éstas velocidades, incluso el más pequeño fragmento de polvo produce una estela luminosa mientras se desintegra debido al rozamiento con las capas altas de la atmósfera, a unos 100 Km de altura. Así se produce una estrella fugaz. Este fenómeno se repetirá al año siguiente cuando la Tierra se encuentre de nuevo en el mismo tramo de su órbita alrededor del Sol y se vuelva a encontrar con la misma nube de partículas.

El origen de las “Perseidas”, que es la lluvia de meteoros que nos ocupa, es la cola de polvo del cometa Swift-Tuttle, descubierto de forma independiente por Lewis Swift el 16 de julio de 1862 y por Horace Parnell Tuttle tres días más tarde. El período orbital del Swift-Tuttle es de 130 años y actualmente se encuentra más allá de la órbita de Urano, sin embargo “su cola de escombros” se extiende por todo su camino de regreso al interior del sistema solar.

El nombre de “perseidas” le viene porque por efecto de perspectiva los meteoritos parecen provenir de la constelación Perseo.

El material microscópico de la nube cometaria no está distribuido de forma uniforme, de modo que durante “la lluvia” hay momentos con una tasa de meteoros mayor que otros. Es lo que los astrónomos llaman “corrientes de meteoros” y en el caso de las perseidas el máximo ocurre entre el 12 y el 13 de agosto, aunque el período de actividad se extiende del 16 de julio al 26 de agosto.

Pese a que la cantidad de meteoros por hora en el máximo (Tasa Horaria Zenital) no es muy alta, aproximadamente 100 meteoros a la hora, este año 2010 tenemos la suerte de que la Luna no estará presente y no “cegará” con su brillo los meteoros más débiles, por lo que si nos alejamos lo suficiente de lugares polucionados lumínicamente podremos disfrutar de un cielo suficientemente oscuro.

Este año la IMO (International Meteor Organization) prevé el máximo de actividad entre las 23:30h Tiempo Universal (añadir dos horas más para hora civil española) del 12 de agosto a las 2:00h T.U. del 13 aunque es un tanto imprevisible y puede adelantarse o retrasarse hasta 6 horas.

Para observarlas de forma óptima no es necesario ni aconsejable utilizar telescopios o prismáticos, debido a la gran porción de cielo que abarcan los meteoros en su movimiento. Es a simple vista como abarcaremos el máximo campo de visión. Puesto que es un fenómeno que abarca varias horas en una noche es aconsejable contemplarlo en una posición cómoda para el cuello y el cuerpo en general. Una tumbona es una buena idea.

No nos fijemos en ninguna zona concreta del cielo para ver los meteoros, ni siquiera nos centremos en la constelación Perseo ya que las estelas de los meteoros abarcan casi todo el cielo del hemisferio norte.

Aunque actualmente las perseidas tienen un nivel de actividad normal, unos 100 meteoros a la hora en el máximo y desde lugares muy oscuros, sigue siendo la más popular por producirse en época vacacional, como hemos señalado al principio.

Aquí un vídeo montado por el Dep. Astrofísica y CC. de la Atmósfera UCM, ASAAF-UCM, AAM y SPMN:

¡A ver estrellas fugaces se ha dicho!

Néstor.

Artículo adaptado del publicado en el blog de ACLA el 3 de agosto de 2010.

HACE 400 AÑOS…

A principios del mes de julio de 1610, Galileo, que se encontraba en Padua, observó el planeta Saturno con ayuda de su anteojo. Era éste un telescopio con muchas imperfecciones, de tan solo 32 aumentos y con su lente principal diafragmada en dos tercios de su diámetro por un cartón que tan solo dejaba libre un limitado agujero. Este telescopio está conservado en Florencia y es con el que observó Saturno y otras muchas cosas.

En julio de 1610 Saturno estaba próximo a su oposición, siendo éste un momento favorable para ser observado desde la Tierra sin que el Sol estorbe para nada, pero lo que vio Galileo en sus primeras observaciones lo sorprendieron enormemente. El planeta parecía estar formado por tres cuerpos. Primero creyó que se trataba de dos satélites, como los de Júpiter. Mas tarde empezó a dudar de esta primera impresión porque las manchas parecían  mucho más cercanas al planeta y eran mucho más grandes que los satélites que había descubierto en Júpiter.

Durante aquel mes de julio, Galileo se concentró en la observación de Saturno. Pensó diferentes explicaciones a tan extraño fenómeno, tales como que aquel planeta tenía asas o que era un planeta triple pero no estaba seguro de ninguna. Sabía que cualquiera que dispusiese de un telescopio podía dirigirlo hacia Saturno, de modo que debía asegurarse de dejar constancia de que fue él quien primero vio la extraña forma del planeta, aunque no supiera explicar a qué se debía su extraña apariencia. De modo que envió una carta al secretario del gran duque escribiendo en ella un anagrama latino que recibieron también numerosos estudiosos, entre ellos Kepler,  conteniendo la siguiente cadena de letras:

smaisrmilmepoetalevmibvnenvgttaviras

Mucha gente, al verse incapaz de resolverlo, le pidió que resolviese el anagrama y Galileo accedió finalmente a ordenar las letras del siguiente modo

altissimum planetam tergeminum observavi

que podríamos traducir por “Observé que el planeta más alto era triple”.

Como curiosidad cabe decir que Kepler halló una posible solución:

“Salve umbristienumgeminatum Martia proles”

que venía a significar para Kepler que Galileo había descubierto dos satélites en Marte, al igual que había descubierto cuatro en Júpiter, lo que coincidía con sus ideas geométricas del universo:

Tierra 1, Marte 2, Júpiter 4…

Esto estaba muy lejos de la realidad, pero… efectivamente Marte tiene dos satélites, Phobos y Deimos, dos pequeñas lunas que no se pueden observar con telescopios tan pequeños como el de Galileo.

Más de un año y medio más tarde Galileo vuelve a dirigir su telescopio a Saturno llevándose la tremenda sorpresa de que los dos cuerpos laterales o “asas” del planeta habían desaparecido, haciendo a Saturno tan redondo como lo eran Júpiter o Marte. Galileo limpió sus lentes con extremo cuidado para eliminar posibles efectos ópticos obteniendo la misma observación: solo se distinguía el disco del planeta. Esto lo desanimó tanto que no volvió a ocuparse de Saturno. En un momento de debilidad exclamó: “es posible que algún demonio quiera burlarse de mi, castigándome por mi curiosidad indiscreta”.

Hoy sabemos que la inclinación de los anillos de Saturno varía con respecto a nosotros, llegando a desaparecer de la vista cada cierto tiempo al orientarse de canto.

Su telescopio no tenía suficiente resolución para apreciar la verdadera naturaleza de aquellas extrañas “asas”.

No fue hasta 1655 que el astrónomo holandés Christian Huygens observó el planeta con la suficiente resolución para apreciar un anillo de materia alrededor del planeta.

Hasta pronto.

Néstor.

VUELTA A LA ACTIVIDAD (y III)

Después de dos noches de observación durante la misma semana, me quedé con ganas de más y volví a las andadas la noche del miércoles 17 al jueves 18 de marzo.

He llegado relativamente pronto, pasadas las ocho y media, al mismo lugar que el último día, aunque hasta las diez no me he puesto a observar. Ya sabéis, aclimatación térmica del instrumental, cena…

Otra vez, hay una luz zodiacal más que evidente, tragándose completamente las Pleiades y alcanzando la Via Lactea fundiéndose con esta. También cabe destacar la impresionante luz cenicienta que tenía la Luna esta noche, que no sé si estaba creciente de un día o de dos pero ofrecía un espectáculo digno de contemplar.

Aprovecho para salir hoy porque las previsiones dicen que a última hora de esta noche un frente nuboso ocupará la península por unos días.

La temperatura del momento son 0ºC. La oscuridad del cielo a eso de las 22:10 es de 21’4. No está mal esta cifra, aunque mirando el cielo uno se da cuenta de que es francamente mejorable. Por supuesto, la Via Lactea y esa luz zodiacal no ayudan mucho. Mejorará el tema en cuanto pase un rato.

Los primeros objetos han sido para comprobar enfoque, colimación, seeing, etc., y el primer objeto al que me dirijo par observar es NGC 2022, la nebulosa planetaria diminuta que se encuentra en Orion. La magnitud que me sale en el atlas es de 12,4 y las dimensiones de 25 X 30 minutos de arco. Para buscarla he utilizado el N22. Sus 68 aumentos se muestran muy justitos para hacer detectable la nebulosa ya que apenas da muestras de ser una estrella borrosa. Es deseable buscarla con algún aumento de más, aun a riesgo de perder campo. Evidentemente, una vez encontrado, para intentar sacar algún detalle de este tipo de objetos hay que poner más aumentos. Los bordes no están muy definidos aunque tampoco es una caída de brillo demasiado suave. Como otras veces en este objeto no he logrado ver detalle interior ni estrella central, de mag. 15. Si consigo apreciar la leve diferencia que existe entre el diámetro corto y el largo.

NGC 2022. Hubble

23:45h.

Hace un buen rato que no tomo notas. La explicación es que me he dado cuenta de que el seeing era excepcional para el lugar y he aprovechado para darme una sesión “memorable” de observación de Marte y un poco de Saturno.

Pese a que Marte ya hace mes y medio que dejó de estar en oposición (10,7 minutos de arco de diámetro), y que la misma no ha sido muy favorable, no me equivoco en afirmar que no he visto nunca el Planeta Rojo con el nivel de detalle con que lo he visto esta noche.

No soy un gran conocedor de Marte, ni siquiera muy practicante de la observación planetaria, además las monturas Dobson no son muy apropiadas para hacer el seguimiento a altos aumentos, pero el seeing de hoy permite hacer grandes cosas.

Utilizo el Radian 4 + Barlow X2, por lo que obtengo nada menos que 750 aumentos. Como a pie de telescopio no acierto a adivinar en los detalles cual es cual solo puedo hacer una descripción muy somera de la zona observada. Se trata, cómo no, de la zona que en el momento está más centrada, en este momento Syrtis Major y Hellas, con Hesperia y Mare Tirrhenum perfilados con claridad y el polo sur identificado en todo momento.

Otras zonas a las que he puesto nombre posteriormente al consultar cartografía marciana son Mare Cimmerium, Aethiopis o Elysium, ya muy en el borde.

Y en estas me quedé contemplando Marte con los 750 aumentos. Algo excesivo, pero los 375 del Radian 4 me sabían a poco y no tenía nada intermedio.

Abandonando por un rato la observación planetaria, y después de un tentempié, me propongo encontrar un objeto que traía apuntado y me hacía ilusión encontrar y observar.

Se trata del Cúmulo Globular NGC 2419, en Lynx, de magnitud 10,4 y 4,1’ de diámetro conocido también como el “Vagabundo Intergaláctico”. A pesar de que es relativamente brillante no veo posible resolverlo con mi telescopio. ¿Cual es el motivo? Pues que está a 300.000 a.l., Muy lejos teniendo en cuenta que nos separan solo 160.000 a.l. de la Gran Nube de Magallanes. Es uno de los mayores globulares conocidos con medio millón de masas solares y 400 a.l. de diámetro, en el mismo nivel que Omega Centauri, pero éste está tan lejos que su luminosidad se ve resentida.

El apelativo le viene porque no está ligado a nuestra galaxia como los demás globulares y campa a sus anchas por el espacio. Se baraja incluso la posibilidad de que se trate de un objeto capturado a una galaxia ya absorbida por la Via Lactea

El plan de observación improvisado me lleva a un objeto que creo es nuevo para mi. Se trata del cúmulo abierto NGC 2362 en Can Major, rodeando la estrella rojiza Tau (mag. 4’4), integrante del grupo y mucho más brillante que el resto. Es un cúmulo ¡triangular!

NGC 2362. Foto DSS.

Me gustaría saber qué magnitud tienen un grupito de estrellas muy pegadas a la estrella principal. No sé si forman parte de un sistema triple o es casualidad su semejanza en brillo pero yo las aprecio extremadamente débiles, cosa que dice mucho del buen seeing de la noche. Conforme tengo el telescopio y como está el cielo yo las aprecio como “a las 4” con respecto a Tau. A “las 3”, aunque al triple de distancia, hay otra más débil todavía. También a una distancia equivalente, pero en vertical hacia arriba desde Tau hay otra también considerablemente débil cuya magnitud me gustaría averiguar.

Es un cúmulo muy atractivo, a unos 25 millones de a.l.. con algo más de medio centenar de estrellas y una edad de escasos 5 millones de años.

La nebulosa que aprecio alrededor de Tau no sé si realmente es resto de la nebulosa primigenia del cúmulo, producto de estrellas demasiado débiles para ser resueltas o simplemente dispersión de luz en el tren óptico.

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VUELTA A LA ACTIVIDAD II

15 de marzo. Una noche después de la anterior observación decidí repetir experiencia, aprovechar las buenas condiciones y escaparme de nuevo a observar.

Me escapaba “a” observar y me escapaba “de” Valencia ya que estábamos en plenas fallas y parece que aquí no se conocen los límites de lo aceptable. De modo que me fui con el 300 a mi fiesta particular.

Esta vez no me conformé con quedarme donde el día anterior y me fui más arriba a buscar un cielo algo mejor, al lugar habitual, a algo más de los 1.200m.

Esos 15 kilómetros de más fueron suficientes para que dos conejos más me salieran al encuentro. Ya me deben conocer, porque voy mucho por allí y siempre me saludan al pasar con un movimiento de orejas. :-)

Protocolo habitual: saco los aparejos, pongo todo apunto, enchufo el ventilador grande al telescopio y me meto al coche a cenar.

Después de la parte gastronómica pongo a Sinatra en marcha, salgo a meterme en faena y quito el ventilador (es bastante grande y tropieza con el cajón cuando el tubo apunta cerca del zenit) pero se lo tengo que volver a poner porque al rato han comenzado a surgir de nuevo corrientes de aire caliente que surgían del espejo.

Nada más llegar, a eso de las nueve menos algo (antes de que cambiasen la hora), se apreciaba claramente una importante luz zodiacal que engullía completamente las Pléyades y chocaba directamente con la Via Lactea.

Para probar el cielo, vuelta de rigor por los objetos típicos (M42, M1…) y ajuste de la colimación. El seeing parecía que iba a ser decente y la oscuridad aceptable.

Por la lejanía no dejan de oírse los ¿ladridos? de los zorros, aunque en esta zona se los conoce con la forma femenina del término, pero para no herir sensibilidades las llamaremos vulpéculas. :-D

El primer objeto de la caótica lista de hoy es NGC 2841, en las patas delanteras de la Osa Mayor, es una galaxia espiral de magnitud 9 y dimensiones 6,6’ x 3,4’. Es fácilmente localizable y sin ningún problema con los 1,2º de campo del N22. La mejor opción de que dispongo es 187x.

Es fácil de observar, extensa y, como sale en algún manual de observación, hay una estrella a medio camino del núcleo y la periferia que puede llevar a pensar erróneamente en una supernova.

El cielo ha mejorado un poco en cuanto a oscuridad y el termómetro se ha desplomado unos cinco grados en poco rato. Parece demasiado. No sé si fiarme. Al final me tendré que traer cinco termómetros diferentes y hacer un promedio. :-D

NGC 3079. También en Ursa Major. Una galaxia semiladeada de mag. 10,9; espiral barrada, algo más débil que la anterior pero sigue siendo fácil. El eje menor mide 1,5’ y el mayor 8’. Este tipo de galaxias ganan interés cuando están de canto o casi, como esta.

Me parece claramente que los brazos son más visibles a un lado del centro galáctico que al otro, llegando a rodear una estrella que está a una distancia considerable.

Con 16mm. y 93x he avistado en la parte de abajo, que viene a ser el N-O, una galaxia remota o pequeña o un borrón o un intento de objeto celeste borroso que no me venía en las cartas. He echado mano del atlas fotográfico y en la toma de 3079, está. Se trata de una galaxia catalogada como MCG+9-17-9.

Tiene un número de entrada muy rebuscado para haberla encontrado sin problemas (más tarde, buscando info, veo que también se la conoce como PGC 28990 y tiene unas dimensiones de 0,64’ x 0,47’ pero no consigo ni el brillo ni ningún otro dato).

22:50h.

Sigo en La Osa con otra galaxia. NGC 2681. En las notas pone que es una galaxia espiral mixta. A efectos visuales, de lo que se ve por el ocular, es una pelota borrosa a la que no se le percibe diferencia de diámetro entre un eje y otro. De hecho pone que mide 3,8’ x 3,5’.

Su mag. es de 10,3. Es moderadamente brillante pero es fácilmente visible porque el brillo está bastante condensado. Ha sido fácil de encontrar y otra vez me he encontrado con una galaxia “misteriosa” que no me viene en las cartas.

El atlas fotográfico no me sirve de ayuda en esta ocasión, la foto es demasiado cercana. Debe ser otra galaxia de nomenclatura rara.

Siendo las 23:20h el SQM mide 21,4.

Como la zona da para más, continúo con otra galaxia.

NGC 2950. Espiral barrada, mag 10’9. Aunque se parece a la anterior, aquí sí se aprecia que un eje es mayor que el otro. Las medidas son 3,3’ x 2,4’. El eje mayor debe corresponder a la barra. Continuar leyendo

VUELTA A LA ACTIVIDAD

¡No! No me he olvidado de que tenía este blog.

Hace varios meses que no escribo ningún reporte de observación pero es que la meteorología no ha ayudado mucho.

Los aficionados a esto de la astronomía han estado, y lo están todavía algunos, desesperados. Vamos, que se observaban encima como dice un amigo mío.

En los últimos tres meses creo que salí en tres ocasiones, una vez recién nevado a unos -3ºC y no pude hacer nada provechoso por descuidar el tema de las corrientes térmicas en el telescopio, otra con los amigos de A.V.A. a un lugar lejano a la vez que mediocre y otra más en la que se me olvidaron varias cosas en casa (consecuencias de la falta de práctica) y después de estar en el lugar elegido me tuve que volver con las orejas gachas.

Pero esta semana la Luna era favorable, la meteorología favorable y las obligaciones también así que en la noche del domingo 14 de marzo, visto que las previsiones meteorológicas pintaban bien y que había pasado como unos tres meses desde la última observación con un cielo digno, decidí montar los trastos en el coche y escaparme por la serranía de Valencia a observar cualquier cosa observable.

Llego a eso de las 9:30h de la noche, monto el Dobson, pongo los ventiladores metiéndole caña al espejo de 300 y me pongo a la faena.

He elegido un lugar nuevo, con unas condiciones bastante peores que en el lugar habitual pero 12 ó 15 Kms. más cerca.

Unos 900 metros sobre el nivel del mar frente los 1.200. La cúpula de luz de la ciudad de Valencia que queda al S-SE es demasiado alta (unos 40 ó 50º por encima del horizonte) para calificar como bueno el lugar. Es lo que tiene la experimentación, unas veces aciertas y otras…

El cacharro este que mide el brillo del cielo muestra 21’0. De momento, una medida mediocre.

Primer destino para “catar” el cielo es el triplete de Leo formado por M 65, 66 y NGC 3628. No me ha impresionado la imagen, si bien es verdad que no le he dedicado mucho tiempo, aunque un primer vistazo me dice que la lista de objetos difíciles que traía va a tener que esperar a otro día y con otro cielo. De modo que empiezo viendo cosas sencillas.

Comienzo por M 37, uno de los abiertos de Auriga. Si, esta si que es una imagen gratificante. Aunque un Newton no es el telescopio ideal para disfrutar de estos objetos, también es cierto que éste no los muestra nada mal.

Hay una estrella cerca del centro que brilla algo más que sus vecinas y que tiene un espectro ligeramente rojizo, leve pero evidente, dándole al cúmulo una armonía interesante y digna de dedicarle unos cuantos minutos.

Moviéndome por las inmediaciones del cúmulo se aprecia muy cerca un extraño vacío y las cartas me dicen que debe ser Barnard 34.

Continúo en Auriga y siguiendo con los objetos de la zona ahora voy al encuentro de Barnard 29, otra nebulosa oscura de por aquí.

Parece algo más amplia que B34. Este tipo de objetos pasan inadvertidos yo diría que más del 90% de las veces, porque no son evidentes como las nebulosas brillantes sino que son una extraña ausencia de brillo y/o estrellas en una zona del cielo.

Por supuesto, cualquier zona del cielo con poca densidad de estrellas no es una nebulosa oscura pero si estamos en plena Via Lactea debería haber una cierta cantidad de estrellas y, encontrarse de repente con un vacío más o menos brusco indica que algo pasa ahí. Se perciben con aperturas medias o bajo cielos con buen contraste. Un Newton 300 recoge suficiente luz de la Via Lactea para notar ese vacío extraño, ese vacío emborronado. No le percibo bordes más o menos definidos. Tal vez si el cielo fuese algo mejor que el del momento (21’2) o hubiera decidido ir a un lugar mejor, el objeto sería más contundente en este sentido.

Ahora toca NGC 2392, la Nebulosa del Esquimal. Los 93 aumentos del Nagler 16 se muestran del todo insuficientes aunque le dedico a la imagen un par de minutos. Con una Barlow x2 y ciento ochenta y pico aumentos ya mejora la cosa y, aunque no hace milagros, ya muestra detalles sugerentes.

Es cuando coloco el Radian de 4 con sus 375x cuando obtengo la mejor imagen de la nebulosa.

Dista bastante de ser la mejor imagen que he visto de este objeto, pero le detecto la parte interior con un borde definido y no redondo, y la parte exterior que se va perdiendo poco a poco en la oscuridad del cielo. En un cielo mejor con un telescopio menor he visto más detalles en otras ocasiones, pero también hay que meter en la ecuación que los movimientos de azimut de este cajón no dejan hacer un seguimiento perfecto a 375x.

Echando una ojeada para ver qué objetos había por las inmediaciones veo que hay una nebulosa planetaria.

Un objeto que tiene dos números NGC. NGC 2371 y 2372. De modo que barriendo la zona con el Nagler 22 veo un bordoncillo que tal vez pudiera ser lo que buscaba. Puede ser un asterismo o una doble mal resuelta a estos aumentos, pero cambiando a 93x confirmo que no hay error. Es la nebulosa que busco.

Una planetaria bipolar, de ahí las dos entradas NGC. Mirando los apuntes veo que ya “la tenía”, la apunté hace ahora justo un año. Continuar leyendo

ACABA EL AÑO INTERNACIONAL DE LA ASTRONOMÍA

Ya está. Ya ha terminado 2009, el Año Internacional de la Astronomía.

El pretexto de esta celebración es, como no podía ser de otro modo, una efeméride. Se han festejado los 400 años desde que Galileo Galilei apuntó por vez primera un telescopio al cielo. Galileo pudo probar, con el uso de los primeros telescopios, teorías que contradecían claramente creencias milenarias, lo que estuvo a un tris de costarle la vida.

Además, también en 1609 Johanes Kepler publicó Astronomía Nova, una obra que rompe con el dogma medieval de que los astros se mueven en círculos perfectos y a velocidad constante.

El objetivo ha sido acercar el conocimiento astronómico a la gente lo máximo posible, y para ello investigadores, organismos gubernamentales, universidades y, sobretodo, asociaciones de aficionados han redoblado esfuerzos para que a lo largo de estos doce meses no hayan faltado actividades de divulgación astronómica de los más diversos tipos: conferencias, cursos, exposiciones fotográficas, talleres, observaciones públicas en plena calle… en definitiva iniciativas de todo tipo con la intención de despertar la curiosidad en la gente acerca de cómo es y cómo funciona el cosmos del que formamos parte.

A uno le queda la esperanza de que a estas actividades no sólo haya asistido gente ya interesada en el tema, sino gente que “pasaba por allí” y haya sentido curiosidad por lo que estaban haciendo un grupo de personas con unos aparatos extraños apuntando el cielo y al acercarse haya descubierto cosas que le hayan despertado la curiosidad y le hayan llevado a preguntarse cosas.

Desde luego me consta que ha sido así, mirar por primera vez a través de un telescopio y descubrir que la Luna está surcada por profundas cicatrices, apreciar el movimiento de los satélites de Júpiter, o ver los anillos de Saturno ha sido para muchos un sentimiento semejante al de Galileo 400 años atrás, porque para ellos estaban descubriendo todo eso  en ese momento.

Cuánta gente ha podido disfrutar de eso… pues es imposible saberlo pero no será porque no lo hemos intentado, acercando el cielo al gran público con el mensaje que rezaba en el slogan del Año Internacional de la Astronomía: El Universo para que lo descubras.

Han ocurrido muchas otras cosas en la astronomía, nuevos  descubrimientos, imágenes nuevas y reveladoras o la puesta en marcha de nuevos dispositivos para observar el cosmos. Incluso hoy 31 de diciembre, cuatro horas antes de finalizar el año tiene lugar un eclipse parcial de luna visible desde toda la península.

Aquí en España, el principal evento ha sido la puesta en marcha definitiva del Gran Telescopio de Canarias, situado en el Roque de los Muchachos, en la isla de La Palma, Canarias: el mayor telescopio del mundo, con el que los astrónomos de nuestro país dispondrán de una  excepcional ventana al Universo desde un no menos excepcional lugar.

Por mi parte, además de participar en cuantas actividades de divulgación he podido con la Asociación Valenciana de Astronomía y seguir dando pequeñas dosis astronómicas desde este pequeño portal, también he empezado una serie de colaboraciones en el blog de una  asociación cultural, la Asociación Cultural Las Alcublas, ACLA. De ese modo intentaré aportar algo de ciencia a la cultura, que muchas veces parecen dos cosas contrapuestas, aunque sea en forma de breves y esporádicas pinceladas tratando de explicar que esto de la astrofísica no es tan complicado como parece y que simplemente levantando la vista  en una noche estrellada nos daremos cuenta de que estamos en contacto con el universo del que formamos parte:

Entrada 1. Entrada 2. Entrada 3. Entrada 4. Entrada 5.

¡Feliz año 2010!

Néstor.

UNA NOCHE BREVE PERO… GALÁCTICA

Varios intentos infructuosos de salir a observar, varias salidas divulgativas y otras tantas echadas a perder por lo desagradable del tiempo me han tenido sin ningún reporte interesante que contar este último mes. Pero aquí estoy de nuevo.

16 de noviembre.

La semana ha estado nublada, incluido el fin de semana que tocaba observar. La predicción en Meteoblue ya mostraba que la noche del lunes al martes podría haber un hueco para la esperanza, de modo que planeé una salida para ese día.

El lugar de observación, el Centro Astronómico del Alto Turia, CAAT, el observatorio que tenemos en Aras de los Olmos la Asociación Valenciana de Astronomía, A.V.A.

He empezado a observar tarde, el día no dura nada y oscurece antes de que te des cuenta, además de que a primera hora de la noche el cielo no estaba despejado. He llegado al observatorio a las 8 pero he cenado, he puesto las cosas en estación… total, que a las 9 y pico me ponía a pie de telescopio.

El primer objeto que toca de la lista de hoy es NGC 404, una galaxia enana que está pegada a Beta Andromedae, Mirach, y por tanto se encuentra sin problema. También por este motivo se la conoce como la galaxia “Fantasma de Mirach”. A pesar de su fácil localización no la conocía. Es una galaxia lenticular de magnitud 9’8 y dimensiones 6’6 x 6’6 minutos. No se le aprecian detalles ya que no tiene y es suficientemente brillante para utilizar mucho aumento.

Unos 190 aumentos le pongo en principio. No es mucho, pero es suficiente para notar que algo no va bien. Veo unos halos difusos alrededor de las estrellas que no me gustan ni un pelo.

La noche no va a cundir nada. Ya son las 10 y voy a por el 2º objeto.

El medidor del cielo está dando una medida constante de 21’3. Es bastante pobre. Yo no noto neblinosidad mirando hacia arriba pero seguramente haya una fina capa de nubes que esté difuminando e iluminando el cielo. No en vano esta es la única noche que las previsiones decían que iba a estar despejado en toda la semana y no parece que haya despejado al 100%.

NGC 908. Una galaxia en Cetus de mag. 10’4 fácil de localizar por su brillo y dimensiones, 6’1 x 2’7 min. Es espiral, con un núcleo brillante aunque no puntual. A 93 aumentos no le aprecio detalles. Abandono la idea de subir aumentos ya que las imágenes se muestran todavía difuminadas, pero este objeto debería mostrar suficiente detalle a este aumento en una noche normal.

23:45h. Ha venido una capa de nubes que lo ha cubierto todo completamente y me he cerrado en el observatorio algo más de una hora.

Ha despejado y vuelvo a intentarlo, aunque la calidad del cielo diminuye, 21’2 y queda alguna nube que tapa ciertas zonas.

Tercer objeto de la noche. NGC 1055 en Cetus. Una galaxia espiral de canto o casi de canto debajo del círculo de estrellas que viene a ser la cola de la Ballena, muy cerca de M77 y Delta Ceti. La galaxia, orientada de Oeste Noroeste a Este Sureste brilla con magnitud 10’6 y alcanza unas dimensiones de 7’3 x 3’3 min. Es con visión lateral como mejor se aprecia el recorte que produce en la galaxia la banda oscura de polvo del ecuador aunque, como no está totalmente de canto, el bulbo central de la galaxia no está dividido en dos mitades, sino que está casi totalmente en una parte, al sur. Con el Nagler de 22 mm. y su casi entero grado de campo real se abarca también M 77 aunque el mejor detalle se consigue a 190 x. Se debería ver mejor pero el cielo no colabora hoy. Hay algunas galaxias por las inmediaciones que no tengo en el plan como por ejemplo NGC 1073, más cerca de Gamma Ceti.

La siguiente galaxia también está por aquí. NGC 936. En lugar de partir de Gamma partimos de 75 Ceti que está justo debajo y de ahí tiramos un poco hacia el Oeste. Es más pequeña, 5’7 x 4’6min., la mag. es de 10’2.

Esto de las magnitudes hay que cogerlo con pinzas, ya que estamos dividiendo la cantidad de luz por la superficie visible del objeto, y eso hace que unas galaxias aparezcan de la misma magnitud que otras cuando son más fáciles o más difíciles que otras. Es el caso de esta galaxia y la anterior. Muchos observadores consideran a 1055 más débil que 936. Yo aprecio lo contrario. El motivo bien puede ser que con poca abertura impacte más un objeto de luminosidad “concentrada” que otro más extenso. Con el Newton 300 recoges suficiente luz para ver la 1055 con todo detalle y encontrarla más brillante que la 936.

Qué decir de esta… pues que su núcleo es extremadamente brillante, casi estelar. Es barrada y está orientada mas o menos del Este al Oeste. Según me pone en las notas, con esta apertura debería ver un disco oval más débil de Noroeste a Sureste pero no sé si es por suciedad en los oculares, por el telescopio, por el lugar, por el cielo de la noche o por lo que sea que no obtengo imágenes que me satisfagan. Tal vez sean mis expectativas, pero tal vez también influya el CANSINO del vigilante este que no para de dar vueltas toda la noche con las largas puestas, el CA[XXXX]ÓN.

00:15h. El SQM marca unos paupérrimos 21’2, la temperatura es agradable, 8º.

El siguiente objeto es NGC1022, galaxia espiral barrada de mag. 11’3 y al ojo redondita, 2’7 x 2’7 min. Pese a estar de cara es bastante intensa. No obstante no debe ser nada fácil con telescopios pequeños. Se encuentra a mitad de camino entre Mira y Zeta Eridani.

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LA NOCHE ABIERTA


Esta es la observación que perpetré el 16 de agosto, del domingo 16 al lunes 17.

El lugar de observación vuelve a ser un monte cercano a Alcublas, algo más de 1.200m de altura y a apenas 15 minutos en coche.
He llegado poco antes de las once y como de costumbre he sacado los “aperos” y he dejado el telescopio montado para que le diera el aire mientras yo cenaba dentro del coche.

Una vez concluida la fase “gastronómica” de la noche, tocaba empezar a observar. Aunque el primer objeto no estaba en mi lista para esta noche, me había fijado en él en una carta celeste y me extrañaba no haberlo visto, así que fui en su busca.
NGC 6781. Una nebulosa planetaria. Está en Aquila, es redonda y borrosa, tiene magnitud 11,4 y es fácil de encontrar. Sus dimensiones son 1’9 min. de diámetro.

La he localizado con el Nagler de 22mm. Después he probado con el Radian 14 y ese mismo ocular lo he probado con filtro OIII, con filtro UHC, sin filtro pero con Barlow, con Barlow y OIII (esta ha sido la peor combinación)… y al final la mejor combinación con los oculares que traía hoy ha sido sin filtro y con Barlow. Bien es verdad que con menos aumentos, el ocular solamente con el filtro resaltaba bastante detalle y aunque sobre gustos no hay nada escrito, me gustaba un poco más con el UHC. Bien por tratarse a principios de la noche o por las condiciones del momento, no aprecié claramente las estrellas de fondo a través de la nebulosa. Se trata de una nebulosa bastante estética, redonda y sin irregularidades internas, que a algunos les puede recordar vagamente al cometa Holmes, aquel que nos visitó hace un par de otoños.

Comienzo ya la localización de los objetos de mi lista. El primero está en Vulpecula, se trata de NGC 6802, cúmulo abierto con una magnitud de 8’8 y un diámetro de 5 minutos de arco. Continuar leyendo

RETA 2009

Este pasado agosto, el fin de semana del 21, 22 y 23, tuvo lugar de nuevo la Reunión Española de Telescpios Aficionados (RETA ’09).
Es una cita anual dedicada a la construcción de telescopios por aficionados; las ópticas, las estructuras, los accesorios… y en ella se dan cita los miembros de la lista CAT de Yahoo! Grupos y se comparten ideas, experiencias, se muestran las creaciones de los participantes, se hace alguna charla, taller o presentación y en definitiva se charla sobre telescopios y astronomía durante todo el fin de semana.

Por avatares que no vienen al caso, este año se repitió el lugar de reunión del año anterior, el hotel Río, en Arroyofrío, Sierra de Cazorla, Jaén.

Ya me sabía el camino, por lo que el viaje fue un paseo agradable.
Tres amigos de la Asociación Valenciana de Astronomía (Fernando, Pedro y Juan Luis) me habían mostrado su intención de acercarse este año al RETA, así que compactamos el equipaje y nos fuimos cuatro en dos coches. Continuar leyendo

UNA DE GLOBULARES

Noche del 25 de junio de 2009. Estoy en el punto habitual de observación un poco más arriba de Alcublas.

23:58h. La temperatura es agradable. Como casi siempre ocurre en este punto situado entre dos colinas que quedan al norte y al sur, corre una ligera brisa que me ayuda a enfriar el telescopio pero que no es desagradable ni molesta para observar.

La Luna estaba creciente antes de ocultarse. La oscuridad de la noche no era la ideal y el Medidor de Calidad del Cielo (SQM) marcaba 21’3 – 21’2, dependiendo a dónde lo apuntase.

Cúmulo globular M80. Imagen Hubble.

Antes de seguir con un programa de observación que me ocupaba dos noches, localicé un objeto que salía en las cartas pero que no había visto todavía. Estaba en la constelación de Ofiuco, El Serpentario, y es una nebulosa planetaria llamada “Nebulosa de la Caja”, NGC 6309.

No hay mucha información de esta nebulosa en cuanto a dimensiones, distancia, velocidad de expansión, edad…

Las dimensiones “al ocular” son 52″ de diámetro y 11’5 magnitudes. Pequeña, vaya, pero si la noche y la montura lo permiten, a altos-medios aumentos se percibe la forma rectangular que le da nombre. Con el ocular Nagler 22 y sus escasos 70 aumentos se puede llegar a intuir su naturaleza, pero es fácilmente confundible con una estrella doble y pasar inadvertida. Acto seguido pruebo con el ocular Radian de 14 mm (107X) y un plössl de 10 mm (150X). Se muestran del todo insuficientes y no logran ver mucho más. Podría haber colocado el Radian de 4mm con sus 375 aumentos pero la noche no daba de sí en cuanto a estabilidad atmosférica y el telescopio no estaba todavía aclimatado térmicamente. Será interesante volver por aquí otro día.

00:10h. Ahora ya sí con el programa de observación previsto, el primer objeto es un cúmulo globular al lado de alfa escorpi (Antares). Continuar leyendo

LA NOCHE MÁS CORTA (y II)

Continúo contando los objetos que observé la noche del 20 al 21 de junio de 2009 en el Centro Astronómico del Alto Turia.

Cuantro de la mañana. Después de tomar un tentempié mientras daba una vuelta para ver a la gente que todavía quedaba por ahí con sus telescopios he apuntado el telescopio hacia la constelación de Draco.

El objeto cazado ha sido NGC 5982, una galaxia elíptica de mag. 11’1 y que mide apenas 3,0′ X 2,2′ cerca de la estrella de 3ª magnitud Iota (ι) draconis. Débil y pequeña, uno debe saber exactamente su localización para no confundirla con una estrella pero, como esta noche he visto unas cuantas como esta, uno le va pillando el truco a encontrar objetos escurridizos. Cerca tiene un par de galaxias vecinas, algo más débiles, que se encuentran en línea ofreciendo una imagen bastante espectacular pero que no aparecen en mi plan de observación, por lo que no me entretengo demasiado.

También en Draco encontramos NGC 5907, una galaxia de canto moderadamente larga pero muy fina de mag. 10’3 a la que llaman galaxia de la astilla. Es como una ralla en el cielo y me parece bastante llamativa. Buscándola se ven un par de galaxias que tampoco estaban en el plan y que son NGC 5905 y 5908.

Cerca de aquí se encuentra NGC 5866. Es una galaxia lenticular con bastante brillo superficial y dimensiones contenidas. Mide 7,3 X 3,5′ y brilla con magnitud 9’8. Los 68 aumentos que da el nagler 22 son suficientes par detectarla sin problemas, detectando su orientación NO – SE. Tiene un núcleo bastante condensado y su figura está muy bien recortada.

Ahora toca la nebulosa del Ojo del Gato, NGC 6543, pero como es un objeto al que hay que poner muchos aumentos para poder disfrutarlo y la noche no permite abusar de los mismos no ofrece una imagen digna de recordar. La intentaré en noches sucesivas.

¡Horror, Venus aparece por encima del horizonte! Eso quiere decir que en breves momentos el cielo empezará a perder su oscuridad porque detrás viene el Sol. Si parece que ha sido hace un rato que he empezado a observar y ahora ya se acaba la noche.

Sin perder un segundo agarro el telescopio por las riendas y lo llevo hacia la Nebulosa del Velo, ese remanente de supernova de hace 5.000 ó 8.000 años que hay en el Cisne. Como siempre, la parte más fácil de localizar es la que empieza rodeando la estrella 52 Cygni. Una vez centrada la estrella, sin haber puesto todavía ningún filtro nebular resulta evidente el trozo de nebulosa que rodea la estrella y que se deja caer serpenteando hacia abajo. Es la parte llamada “Escoba de Bruja” o también NGC 6960.

Como es una nebulosa bastante grande utilizo el nagler 22 con sus 1’2 grados de campo real. Por supuesto utilizo filtro nebular para que el objeto resalte lo máximo posible. Después de probar con un filtro UHC dejo puesto un OIII que me parece que contrasta más la imagen. Me dedico a recorrerla de abajo hacia arriba, pasando otra vez por 52 Cygni y llegando a la parte en donde se va disolviendo y creando una serie de encajes entrelazados que es mejor observar con algo más de aumento para mejorar el contraste.

Aunque con origen en la misma supernova, la nebulosa (que abarca unos tres grados) está dividida en varios objetos con diferente entrada en el catálogo NGC. Son en total cuatro entradas, NGC 6960, 6979, 6992 y 6995, aunque a vista de telescopio se pueden apreciar dos cuerpos diferenciados, la parte Oeste que acabamos de ver y la parte Este, a la que ahora me dirijo. Es menos concentrada, más sutil y menos extensa, de hecho es mucho más difícil detectarla sin filtro, pero la cantidad de detalles a apreciar es mayor. Dejo aquí una imagen de esta parte del Velo:

Con prisas desciendo hacia la parte central de la constelación del Cisne para intentar ve la Nebulosa Creciente, NGC 6888, Continuar leyendo

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